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...Fernando estaba extraviado en el campo, que es un gran desierto de miles de kilómetros cuadrados. El sol del mediodía le abría el cráneo. Caminó por una o dos horas, era difícil saber cuántas. Cargaba ese tronco atado a sus brazos. Si bien la mayor parte del peso estaba sobre su espalda, la circulación de los brazos ya se veía afectada debido a las ataduras. Se vio a sí mismo en la sombra de las arenas, con los brazos extendidos, cual Cristo en su vía crucis. Al exponer el cuerpo al sol de la Patagonia uno se arriesga, no solo a la deshidratación, sino también a perder las funciones de razonamiento básicas y hacer alguna estupidez que será, finalmente, la última que cometamos. Se sabe de muchos que caminaron los cerros de la zona y que se perdieron. Sin agua bajo el sol o sin ropas abrigadas de noche, no hay nada que hacer. El desierto no perdona...

 

Libro que consta de varias historias que suceden en una pequeña ciudad en la Patagonia Argentina. Unos chicos de secundaria, un grupo de asesinos amateur y la guerra de Malvinas que toca la vida de la ciudad. Los años pasan, las décadas trascurren y la ciudad respira el nuevo milenio.

Laboratorio de músicos dementes

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